KOTLER FRENTE A LA REALIDAD DEL MERCADO ESPAÑOL

He calcado el título de un breve de Foromarketing. Una pequeña noticia que sin embargo me ha llamado poderosamente la atención, y que puede dar mucho que pensar. Philip Kotler defiende Starbucks como “el mejor ejemplo del mundo en los últimos años en el manejo del marketing”. En principio se me ocurren dos buenas razones para asumir la reivindicación: primero, que lo ha dicho el gran gurú del nuevo marketing, ¿y quién soy yo para discutir con él?; segundo, que Starbucks es sin ápice de dudas una de las grandes marcas de este recién activado siglo XXI, una fábrica de experiencias magnífica a la que es muy difícil encontrar las cosquillas. Aparentemente.
Foromarketing contrasta el lapidario comentario de Kotler con datos sobre la evolución de la empresa americana en España; “tras cuatro años instalada en el país continúan las pérdidas.” Con eso no ponen en duda la capacidad de Starbucks para crecer como negocio (ya lo ha demostrado de sobra), sino que pretenden hacer ver al lector que por mucho que seas un líder en marketing, entrar en un nuevo mercado supone siempre un reto a medio-largo plazo.
¿Cuáles son las mayores barreras para que a una marca triunfadora de nivel mundial no arrase en España? Se me ocurren algunas, espero más aportaciones.
Cuando Starbucks entra en un país asiático, o incluso cuando se expande en Estados Unidos, trae con ella la propia cultura del café. Introduce un elemento exótico que es aún desconocido por la mayoría (o por lo menos no es habitual), convirtiéndose en el estandarte y símbolo de una nueva moda, cool, moderna y más aún, gratificante.
Pero España, como Italia y Francia, es un país con una larga tradición cafetera. No hay familia, empresa ni local sin cafetera, y tomar un café es un hábito diario de socialización transmitido generación tras generación. Para decirlo de un modo más breve, el café es una commodity, y además barata.
Cuando Starbucks aterriza en España, se enfrenta a un formato de café muy diferente al de EEUU: en taza pequeña y rápido, para tomar en el bar y no para llevar.
Además está el precio. ¿3-4 euros por un café? Hemos dicho que es un commodity; puede estar buenísimo, ¿pero costar 3 veces más?
Una de las máximas de Kotler es que se debe traducir la marca en experiencias de consumo. Starbucks sabe como hacerlo, y aprenderá adecuarlas a la cultura y hábitos de cada público. Hasta ahora, y por lo que he podido vivir, lo que ofrece son experiencias homogéneas centradas en el café: información sobre cómo se recoge, tazas-merchandising, variedades, aromas… Iguales en cualquier parte del mundo. Pero en España todo eso nos es cotidiano, hay cientos de cafeterías con encanto que pueden ofrecernos más o menos lo mismo.
Personalmente creo que Starbucks debería cambiar su foco, dejar de lado el café (aunque pueda parecer sacrilegio) como eje de su desarrollo de marca y centrarse en experiencias de vida más profundas. Menos granos y más lifestyle: calma, relax, amigos, Seattle…

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