
¿Cómo podríamos medir el éxito de una marca? Es una pregunta que seguramente tenga bastantes respuestas: impulso en ventas, incremento notoriedad, éxito en lanzamiento de nuevos productos … Pero desde luego uno de ellos es sin duda "conectar" con sus públicos. Vamos. Que cuando nos relacionemos con dicha marca sintamos "un-no-sé-qué" que nos haga actuar de forma casi inmediata. Que nos haga sentirnos parte de esa marca. Una pequeña parte más. Un quiero-ser-de-esa-marca. Touché. Ya lo decía Calamaro: "hay que convencer al tilín del corazón".
Sin duda estamos ante una de las claves máximas de la comunicación: llegar a nuestros usuarios, a nuestros públicos. Hemos sentido auténticas emociones en casos como el de Calvé , una obra maestra de Coca Cola y otra simplemente maravillosa de BMW . No ponemos más ejemplos.
No sé muy bien cómo definirlo, si estamos ante la publicidad emocional o la publicidad emocionante (digamos si no, comunicación…), o simplemente que utilizamos bien los sentimientos, la persuasión o cualquier otro recurso discursivo para el definitiva poner en el centro al consumidor, y a partir de ahí construir mensajes, medios, contextos, etc. El caso es que al final de lo que se trata es de crear vínculos continuos, coherentes con la estrategia y coordinados. Éste es el ejercicio complicado y a la vez el gran reto de futuro.
Esta pequeña reflexión que queremos compartir surge de un evento realizado para Mondragon Unibertsitatea con motivo de su 10º aniversario. Queríamos además de "celebrar" un cumpleaños, transmitir a todos los presentes una forma de ser, una manera de ser que pudiéramos compartir con todos/as (público interno, colaboradores, amigos y, por qué no, incluso futuros clientes). Somos jóvenes, pero expertos (una trayectoria de más de 40 años), pero sobre todo una ilusión tremenda por el futuro, por crecer, por llegar a más. No valía cualquier cosa. Una de las sensaciones claves era cómo podríamos lograr crear ese vínculo entre nuestra marca y los diferentes públicos que allí se encontraban y con los que queríamos conectar de una forma sencilla pero potente.
Un simple baile (KUKAI, zergatik zarete hain onak??). Una simple música (eskerrik asko, Juan Mari). Una sencilla y potente escenografía e imagen para transmitir todo ello (Impresionante Agur, Eneritz, Juan Luis…). No está bien que lo digamos nosotros. Pero tan verdad es que los asistentes llegaron a decir: ¡¡¡esta es nuestra universidad!!! ¿Conectamos? Me temo que sí.
Ahora queda lo más complejo. Hacerlo de forma continua, coordinada, coherente, en todos los ámbitos. Que cada experiencia de usuario, de público sea capaz de transmitir todo eso. Reto se llama. E ilusión. hacer tilín no es fácil.
| Enlace permanente
| Comentarios (0)