
Nunca lo he entendido, aunque me aseguren una y otra vez que "eso es lo que funciona". Hace tiempo que asisto atónito a la extraña deriva de las que, en mi opinión, deberían ser marcas pioneras en la construcción de un discurso sólido y en la creatividad. Pero no lo son, y eso que están fuertemente arraigadas en nuestra vida cotidiana. Me refiero a los super/hipermercados, los grandes templos del consumo, y a su, para mí, desconcertante publicidad.
Supongo que desde el inicio de su andadura, una marca de distribución debe enfrentarse al dilema de primar los mensajes corporativos para construir lazos de confianza con sus públicos, o centrarse en lo más básico, money-money...
Y es que, admitámoslo, muchas de nuestras decisiones de compra están guiadas por el instinto ahorrador; sobre todo ahora, cuando más ahoga la hipoteca, empezamos a plantearnos si merece la pena pagar ese plus por esta o aquella marca. Sin desdeñar su fuerte componente psicológico, comprar barato sigue siendo un modo de supervivencia para gran parte de la población, aquella que debe practicar funambulismo para llegar a fin de mes.
El argumento racional del ahorro no me parece criticable. Hay buenas campañas de comunicación construidas alrededor del precio, quizás no tan brillantes, pero muy directas y eficaces. Sin embargo se debe hacer un gran esfuerzo para que una marca se diferencie de las demás en el precio; digamos que es un atributo fácilmente igualable.
Por eso me sorprende que, de repente, todas las cadenas de distribución dejaran de lado su fuerza como marca y comenzaran a vendernos precios, ofertas, 2X1s. Todo comenzó con los supermercados de descuento, aunque pronto se contagiaron los de mayor "estatus": Carrefour, Eroski, Hipercor... ¿Cuál es hoy en día la diferencia entre ellos y el Almacén Don Manolo?
No obstante, más allá del posicionamiento, el problema más sangrante lo veo en la ejecución de la publicidad. Mediamarkt creó el precedente, y todas las marcas han mimetizado un estilo que... Como decirlo delicadamente... Me parece poco adecuado. Golpes de "humor", jingles chirriantes, psicodelia... Había llegado un momento en que no sabía de quién era el spot que estaba viendo, o ni siquiera si era un spot o un sketch de los Moranco.
Por eso me ha gustado la nueva campaña de Eroski. Refleja una marca que ha vuelto a centrar su discurso en una relación sincera con sus públicos; que ha vuelto a centrarse, en definitiva, tanto a nivel conceptual como de estilo. Más cercana a su magnífica revista corporativa, trata de enseñar a comprar presentándonos argumentos sólidos, y sobre todo, de construir una marca corporativa diferente y notoria. La campaña es obra de Remo, agencia que ha desarrollado un sobresaliente trabajo de planning y ejecución. Espero que sea el primer paso de una nueva tendencia en el sector.
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