¿Y cómo es él?
De la lectura del fantástico libro de nuestro amigo Víctor Gil, "Crossumer" (de lectura OBLIGATORIA hoy en día), he llegado a una sencilla reflexión: Ha pasado el tiempo en el que la comunicación se identificaba con el término información. Aunque para algunos/as les resulten similares en realidad absolutamente diferentes. Hasta ahora, las marcas hablaban en primera persona… “yo hago, yo digo, yo sé…” y cumplían la función de “informar” a sus públicos sobre su identidad y su propuesta de valor. Seguramente ésta sea una fase inicial para ser conocidos en el mercado y al menos, si está el discurso correctamente construido, podría lograrse el reconocimiento del mismo: sé quién eres y sé a lo que te dedicas.
Nada que ver con la actual realidad y menos después de observar las actitudes y los comportamientos ajenos (y propios…) como consumidores. Queremos ser más partícipes de las conversaciones, emitir opiniones, hacer juicios de valor y opinar antes de realizar cualquier compra. Esto se refiere mucho más al término “comunicación” que a lo anteriormente comentado. El contexto actual hace que debamos, por tanto, reinterpretar cómo lograr un mayor vínculo con los públicos, cómo hacer que las marcas se comprometan con sus consumidores.
El libro de Víctor Gil describe perfectamente cómo son-somos como consumidores y cómo está afectando en nuestro comportamiento y en nuestras actitudes la irrupción de la nuevas versiones y herramientas de información y comunicación del mundo 2.0. Un consumidor más experto en el “arte de comprar”, más desconfiado, con mucha capacidad de influencia en el otro, más informado, etc… (discúlpame Víctor si he sido tremendamente simple en el “resumen”). Y no podemos ser ajenos a ello. El caso es como gestores de marcas el trabajo que nos queda por hacer es muy duro pero al mismo tiempo tremendamente interesante.
La consecuencia de todo ello es que en este contexto sólo queda conocer MÁS a nuestro público. Perdón, conocer mucho MEJOR. Porque la clave del futuro en el branding estará en cómo logramos unos vínculos más estrechos y potentes con los públicos. En cómo ser absolutamente coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Ya no sólo va de contar una historia, de crear un storytelling sobre mi marca, ni siquiera en boca de nuestros públicos. No basta. Lo que tenemos que lograr es que podamos llegar a formar parte de sus vidas, escucharles, oírles y comprenderles, ganarnos su confianza… pero sobre todo en cómo nosotros podemos llegar a facilitar sus acciones, diría incluso, del día a día. Si no es así, directamente seremos rechazados.
Por tanto la pregunta ya no es tanto “quién es él” sino sobre todo “cómo es él”, para comprenderlo, para entenderlo y sobre todo para caminar juntos.

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