Wimbledon: gentlemen´s branding.

Está claro que Wimbledon tiene glamour. El rey de la hierba es la cita del año en el mundo del tenis y eso convierte el torneo londinense en la ocasión para lucirse, no sólo deportivamente. Su jardinero particular, Jack Yardley, y sus ayudantes, se encargan que durante estas dos semanas, el All England Lawn Tennis&Cricquet Club se convierta en, además de una cancha deportiva, (este año estrena cubierta) en la mejor pasarela de moda del mundo.
Esto explica que algunos jugadores, y las marcas que los visten, cuiden al máximo su vestimenta y aprovechen las restricciones del torneo (sólo se puede usar el blanco) para posicionar sus productos.
El branding para productos de prestigio constituye un claro valor para los accionistas. Si consideramos que cerca del 65% del valor de las firmas de prestigio es atribuible a la marca, una adecuada gestión de la misma resulta vital para la creación y el soporte de su valor.
Una de las principales ventajas de las que disfrutan estas marcas de prestigio es la estabilidad en su base de clientes, aún en periodos de recesión económica como la que vivimos. Este factor entronca de forma directa con la capacidad adquisitiva del núcleo central de su cartera, la cual no se ve afectada en épocas de privación económica general. De hecho, hay quien dice que, es a lo largo de estos periodos cuando las ´luxury brands´ son capaces de definir con exactitud a sus principales clientes.
Dime con quién andas y te diré quién eres. Cuando lo dice cualquier vecino, se llama sabiduría popular. Cuando lo hacemos los profesionales del marketing se llama cobranding. Gracias a él, las firmas consiguen aumentar la notoriedad de su marca, le añaden atributos o, simplemente, venden más.
Nike y Roger Federer en el mundo del tenis lo tienen claro; siguen una estrategia pura de cobranding para acceder a un segmento del mercado que se identifica con la imagen de Gentleman de Roger que encuentra en la hierba de Wimbledon su mejor pasarela.
El número dos masculino, desde hace años deja completamente de lado los estándares deportivos para vestir un traje de chaqueta blanco crudo y pantalón largo. Los asistentes deben pensar que se encuentran ante un tenista de otro tiempo, en vez del jugador con más glamour del circuito. Federer también luce unas zapatillas con sus iniciales bordadas en dorado. Puede que no sea la opción más cómoda, pero el suizo está hecho un pincel.
Y es que en Wimbledon todo es respeto a la tradición. El público asistente no es el de cualquier otro torneo. Son habituales las señoras ensombreradas, colegiales de uniforme o verdaderos gentlemen. Entre estos últimos, los que llevan orgullosamente corbata verde y violeta pertenecen a la «rara especie» de socios del prestigioso club londinense de tenis, que cuenta con ocho palcos o suites de lujo que distribuyen 130 sitios, y que llevan nombres de grandes campeones: Björn Borg, Rod Laver, Pete Sampras, Steffi Graf, Martina Navratilova, Margaret Court, Billie Jean King... y nada menos que Roger Federer, que además este año con la baja de Rafa Nadal, puede convertirse de nuevo en el rey de la pasarela´, con el permiso Murray entre otros, el ídolo británico que viste de Fred Perry.
Todo un cuidado maridaje marquista de fresas con nata.

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