Brandillusions: Me rompes el corazón, sobre todo en Navidad

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De repente, notas que el ambiente se espesa con la excitación y el bullicio de la gente. Es un continuo desfilar de personajes abrumados por las compras y por unas fechas navideñas que lo inundan todo. En un lugar así, en un momento así, os aseguro que pueden llegar a mantenerse conversaciones muy íntimas entre una deslumbrante y seductora marca de exquisitos dulces, cuyo buen nombre no mencionaré aquí por respeto a sus progenitores y un individuo representado por mí mismo, que se confiesa adicto a las experiencias más pecaminosas, sobre todo ésas en las que sin apenas esfuerzo pareces elevarte hasta tocar el cielo con los dedos, o ¡el infierno!, según sea el dulce que te metas en tu boca.

Habla la marca de dulces:

“Me rompes el corazón cuando te veo parado ante mí, inmóvil, incapaz de tomar la decisión correcta, con tus ojos clavados en los detalles de mi vestidura, buscando una razón sólida que justifique la elección. Me lo rompes cuando pasando a mi lado retiras la mirada, como aquél que quiere no querer, temiendo caer en la tentación de poseer aquello que le delata como un enamorado de lo sublime.

Me rompes el corazón, justo en ese momento en el que, mirando hacia lo más alto, dudas sobre si responderé a tus expectativas, esas que pertenecen a los momentos más esperados, a tus deseos más personales. Me lo rompes en mil pedazos cuando me dejas atrás, sin darme una última oportunidad con la que demostrarte, desde la fría estantería donde habito, todas las virtudes que atesora el producto que contengo en mi interior. Me deshago en llantos cuando ni siquiera advierto un resquicio por el que pueda acabar en tus manos y así poder mostrarte todos mis atributos.

Me lo haces añicos al verte repasar con la mirada las otras opciones expuestas a ambos lados del pasillo, todas reclamando tu atención.  Te veo allí a lo lejos, girando finalmente la cabeza hacia ese territorio, que es el mío, que no es el de la identificación, ni siquiera el de la diferenciación, hacia ese territorio que sabes con seguridad que es el de la seducción, y allí a lo lejos mostrando un atisbo de duda, me haces recuperar la esperanza”.

Reconozco un vínculo especial con esa formula diseñada para atraparme una y otra vez. Es ese momento especial en el que te dejas arrastrar por la memoria y lo que ésta ha construido a través de las experiencias. La historia finalmente acaba bien. Nos volvemos a encontrar y esta vez, la duda se convierte en una decisión de compra, la que me anima a hacer un hueco en mi apretada bolsa.

Felices fiestas. Os deseo para el 2015 muchas  e interesantes conversaciones.

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