BRANDILLUSIONS. El sexo de las ciudades, que no las ciudades del sexo

marca ciudad

Hoy empezamos con una pregunta, ¿femenina o masculino? ­Entiendo que pueda suscitar cierta sorpresa, pero es una duda que me se me plantea cada vez que intento desmenuzar la identidad de una marca ciudad. Al rellenar la ficha tipo con “sus datos personales” hay una casilla que siempre resulta difícil de marcar.

  •  NOMBRE Y APELLIDO: Donostia – San Sebastián
  •  SEUDÓNIMO: La Bella Easo
  •   NOMBRE DE LA MADRE O PADRE: Izurun
  •   LUGAR DE NACIMIENTO: A los pies del monte Urgull
  •   EDAD: Super centenaria
  •   AFICIONES: Caminar bajo la lluvia, el día de San Sebastián, degustar pintxos, realizar compras, surfear, recorrer las calles, comer helados, charlar con los amigos, el fútbol, el carnaval, los fuegos artificiales…
  •   LUGARES FAVORITOS: El Peine del Viento, el parque de Cristina Enea, la Iglesia de San Vicente…
  •     SEXO: ?

Una ciudad con una marcada personalidad y un discurso cimentado sobre valores y significados asociados a una identidad que pocos discuten, una edad y una historia repleta de curiosidades, que tampoco ofrece grandes incertidumbres, unos atributos únicos y relevantes, cuestionados quizá, pero evidentes que conforman una imagen de marca respetada y reconocida entre muchas otras, ¡pero! ¿y su sexo?

La reflexión no es baladí. Se me plantea hoy, un día de esos de otoño, plomizo y frío, mientras me tomo un café acompañado de una estupenda napolitana (entiéndase, repostería del día) y después de una intensa reunión sobre aquello que mejor sabemos hacer en esta profesión, convertir en complejo algo que debería ser sencillo; hablo de comunicación.

Es en este momento, encontrándome solo en un acogedor local de la calle Eduardo Chillida, cuando surge una reflexión personal que intuyo hacia donde dirige su rumbo. Distraído y en un estado de cierta ingravidez mental, observo desde la ventana el fondo del paisaje, una bahía teñida en grises y en la acera de enfrente a la gente desfilando cual pasarela Cibeles, hombres y mujeres entrecruzándose ajenos a mis miradas, mientras me asaltan en cascada pensamientos contradictorios sobre el sexo como factor clave a la hora de describir el perfil anatómico de una ciudad como ésta.

Una ciudad que cuando la miras con los ojos de un explorador aficionado, descubres innumerables cicatrices, muestra de un tiempo lejano y huella indiscutible de su pasado, pero también algún que otro tratamiento de cirugía, operación necesaria para mejorar y resaltar las partes de una fisonomía obligada a mostrar a sus ciudadanos y visitantes el cuerpo regenerado de una ciudad siempre viva y activa.

Una ciudad que camina junto a un río al que mece de forma apasionada, abrazándolo por momentos con sus largos brazos, esos innumerables y sugerentes puentes que lo adornan. Una ciudad, que se nos muestra voluptuosa en sus formas, repleta de acentuadas curvas que dibujan un perfil característico y único que se descubre de forma evidente a vista de pájaro, una imagen de la ciudad por todos reconocida.

Hecha un rápida reflexión, el análisis conduce a una conclusión cuasi indiscutible: la ciudad de Donostia se muestra al mundo con una marcada pose femenina, moderna y atractiva, repleta de encantos y secretos por descubrir, capaz de enamorar a cualquier visitante que se deje abrazar por dos de sus mayores atractivos, el mar y la montaña.

Parte del trabajo de aquellos que enredamos en estos asuntos del Branding es la capacidad para hallar las potencialidades de las marcas, en relación a un mercado y una competencia implacable. En nosotros está descifrar el “ADN” de las marcas, por lo tanto, antes incluso de eso, ¿no deberíamos adivinar el sexo de dichas marcas?

Gracias y hasta la próxima.

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