¿Quién tiene la razón, tu padre o tu madre?

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Cuántas veces hemos visto como grandes campañas bien planificadas y diseñadas desde la razón y la información se han convertido en escaparate del desinterés general, sin apenas repercusión en aquellos individuos a los que se dirigía.


Kin de Microsoft sería un buen ejemplo de fracaso. Mientras que otras, nacidas desde la improvisación calculada, la sencillez en el mensaje, tirando de intuición y mucho sentido común (dos cualidades necesarias para ejercer el oficio) se han hecho ganadoras de un éxito y reconocimiento inesperado (ej., Pastillas contra el dolor ajeno).
El reto de confrontar las diferentes opiniones de quienes gestionan y participan en el desarrollo de un proyecto de comunicación, cliente, agencia, mercado-públicos, nos conduce a veces a situaciones de cierta frustración, complicadas de gestionar.
¿Hago lo que se me pide desde una decisión individual y de marcado protagonismo por una de las partes, o incorporo al debate la capacidad de poder modificar el recorrido, apoyándome en la libertad que supone trabajar desde territorios más intuitivos y creativos? El resultado, seguro no será el mismo.
Desde la posición de quienes somos conocedores del ámbito de la comunicación y de sus herramientas y canales, hacemos un esfuerzo continuado por mejorar las razones por las que la imagen de nuestros clientes , sus productos y servicios sean las más acertadas y adecuadas para los diferentes públicos a los que se dirige. Hay ocasiones en que, por delante de la creatividad, como pilar fundamental de la expresión más libre de una marca, primarán razones objetivas y exigencias conceptuales en nuestro proceso de trabajo.
La posición desde la que abordamos este reto está justo en el centro de un espacio delimitado, por un lado, por el cliente y, por el otro, por el mercado en el que desarrolla su negocio. Un lugar, el centro, donde mantener el equilibrio es tan complicado como responder a la pregunta de: “¿quién tiene la razón, tu padre o a tu madre?”. Dársela a uno de ellos, supone desagradar al otro.
Creemos entender a uno de ellos, que justifica sus decisiones en el terreno de la comunicación y la estrategia en base a un estilo propio de la empresa y al conocimiento y experiencia sobre el sector y mercado al que se dirige. Opiniones en definitiva, respetables pero discutibles, ya que en estos 26 años, he visto como ese estilo y su estrategia cambiaba cuando cambiaban también las personas.
El mercado y sus públicos, sin embargo, mucho más flexible y en continua transformación, nos obliga a estar atentos y escuchar lo que nos dice y demanda en cada momento. La empresa forma parte del mercado y éste no tendría razón de ser sin las empresas que lo componen. Sin embargo, en un proceso de creación, a veces uno parece tirar hacia un lado y el otro en dirección contraria.
Mientras tanto nosotros, desde el medio, y con todo el conocimiento que se nos supone, reivindicamos libertad para crear y licencia para equivocarnos, sabiendo que esa decisión solo puede beneficiar a la marca: al ponerla en práctica potenciamos los aspectos singulares que la hacen única.

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