El tamaño sí que importa

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9.750 gotas de vino son la que caben exactamente en la botella estandar de vino. La botella más pequeña, la que se ofrece en los aviones, alberga tan sólo 18,75 centilitros; la mayor tiene un nombre grandioso, Nabucodonosor, acorde a su capacidad para almacenar quince litros. En medio, una amplia gama de formatos. Respetando aspectos funcionales de conservación del caldo de la uva (estudios enológicos demuestran que la evolución del vino es más lenta cuanto más capacidad tenga la botella), pero teniendo en cuenta el contexto global decreciente del consumo de vino (según Nielsen, en el 2007 la venta de vino en España ha tenido un descenso global de un 1%), desde mi punto de vista, el sector del vino tiene una oportunidad de adecuar la oferta a la demanda y por qué no, a introducir a nuevos consumidores, especialmente a los jóvenes. ¿Cómo?


La industria vitivinícola es muy rígida, le cuesta mucho arriesgar cambios, sobre todo en lo vinculado a envases; ni que decir tiene el recorrido pendiente en todo lo relacionado con el branding, el marketing, la comunicación…
Sin el rigor de datos objetivados por un más que pertinente y necesario estudio cualitativo de mercado, pero con la experiencia que me da el moderado consumo y la observación directa, intuyo que la promoción por parte de una bodega o marca, de una botella de medio litro que fuera de la misma altura que la de 750 cc, elegante, con vino de alta gama y una relación precio-volumen acorde a la previsión de demanda, puede convertirse en tractor de ventas y liderar como icono la respuesta al cambio de hábitos de consumo.
Solventados los aspectos funcionales del continente, y asegurada la más que correcta maduración del contenido, quedaría pendiente, con el permiso de los franceses , el reto y la oportunidad de adoptar como marca el nombre de un genérico (algo así como imaginar que “magnum” fuera la marca de vino que únicamente comercializara botellas de 1,5 litros), que represente la esencia de una botella de algo menos de 9.750 gotas.

8 respuestas a “El tamaño sí que importa”

  1. El tema es por demás interesante…
    Algunas reflexiones que me vienen a l cabeza…
    – El consumo baja en general, aunque los vinos australianos y chilenos suben…
    – España en particular, ha hecho poco por el branding de sus vinos (los pocos que lo hacen, les va fantástico)… Además se suma la peculiaridad de ver cómo se puede confundir aún más al consumidor a partir de las Denominaciones de Origen (en España más de 60 DOs’ y creciendo)
    – Algunos vinos ya vienen en botella de 0.5… Por ejemplo el Gewürztraminer de Luigi Bosca (http://www.luigibosca.com.ar/2007/v8/es/gama/detalle.php?id=9)
    – Un ejemplo exitoso de branding de vinos orientado al cliente (y que me perdonen los bodegueros) es el de The Amazing Food Wine Company (http://www.winethatloves.com) en EEUU… las marcas de sus vinos se relacionan con lo que se come (maridaje)…
    Nada… sólo una pequeña aportación!…
    Gracias por el post! Muy interesante…

  2. Daniel Miguelez dice:

    Es evidente que los habitos de consumo cambian y esto repercute de forma clara en un producto en general conservador (en los aspectos de imagen y venta) como el vino.
    Jugar con el tamaño puede ser interesante, pero, por que no custionarnos también el tipo de envase. Las primeras propuestas en tetra-brik salieron hace tiempo al mercado y hubo una sonora crítica negativa. Hoy está asumido por todos que encaja en la presentación de ciertos vinos.
    Una idea que personalmente me parece atractiva e innovadora es la utilización de latas. Quizás este envase más juvenil y atrevido, que permite trabajar el diseño de forma actual y moderna, pueda atraer a públicos hasta ahora muy alejados de este producto.
    Os invito a ver un sitio que puede cambiar algunos puntos de vista. http://www.laparada.nl/barokes

  3. J. L. Azkarate dice:

    Interesante el ejemplo de Cristian (winethatloves)para adentrarse en nuevos mercados no habituados a la adquisición de vinos y que se pueden sentir perdidos al tener que escoger ante una oferta tan descomunal (perfecto para algo así como “la primera vez”).
    Respecto a la lata que aporta Dani, tengo más dudas, está el peligro de la excesiva vulgarización (también ocurre con el ejemplo anterior). El vino está asociado a multitud de rituales, normas de conservación, modo de servir, el corcho…que en caso de poner en entredicho de forma muy radical, podrían vulgarizar el producto VINO.
    Aquí está el quid de toda esta cuestión, no creo que se puedan hacer aportaciones muy novedodas sin poner en tela de juicio todo el discurso imperante hoy en día en torno al vino, (al menos en España); aunque se podría hacer la prueba para conquistar nuevos mercados. De todos modos, la lata la veo perfecta para combinados tipo kalimotxo (vino+coca-cola).

  4. Aunque casi contradice todo… La conquista de nuevos mercados la están ganado los australianos… Las bases de su éxito en mercados internacionales:
    – Los vinos van por tipo de uva (no por DO)
    – Mismo tipo de uva, mismo tipo de botella… (por ejemplo: en un lineal en UK, los vinos australianos se reconocen a kilómetros… o mejor dicho, a varias yardas)
    – Las etiquetas también están estadarizadas (de hehco esto hace al “casi contradice” del principio)… Poca imagen de marca… al fin y al cabo, poco se sabe de cda bodega australiana fuera del país… sobriedad hasta el aburrimiento… sin embargo, muy claras y directas en cuanto a la referencia de su origen como país!…
    No inventaron la rueda, pero saben como hacerla ir rápido!
    En cuanto a envases… hay un par de bodegas catalanas que para el cava están utilizando unos envases de diseño que son fantásticos… incluyendo los nuevos de Codorníu (pese a que son más tradicionales)….

  5. J. L. Azkarate dice:

    De todas formas, Cristian, yo creo que estas hipotéticas campañas de marca-marketing, tendrían que estar diferenciadas en función de los grupos de target/tipo de mercado/export-import, etc.
    Me explico, para el cliente premium habría que mantener los rituales asociados a la cultura del vino que existen ahora y respetando la tradición y las marcas (aunque comparto tu crítica al exceso de D.O.); para conquistar nuevos mercados, y para vender fuera de España, en mercados menos maduros y con poca cultura vinícola, habría que aprender de lo que están haciendo los australianos.
    De todos modos, de todo lo que cuentas se extrae una característica muy típica de los españoles: cada uno la guerra por su cuenta.

  6. De acuerdo contigo!… Para el que disfruta de la experiencia etílica (en el buen sentido)… el ritual es parte de dicha experiencia…
    En cuanto a la característica… creo que típica latina.

  7. Antes de nada, disculparme por mi tardío re-enganche al post. Cristian, el ejemplo de winethatloves es de los que marcan tendencia; pura comunicación lateral. ¡GENIAL!
    Al hilo del comentario de Juan Luis, respecto a los rituales asociados a la cultura del vino, quiero romper una lanza en favor de aquellos sommelier, que manteniedo el rigor de una acción tan ceremoniosa como es la apertura de la botella, son capaces de empatizar y educar a los clientes en la cultura del vino. Sin duda, desde mi punto de vista, además de prescriptores, deben de ser una pieza importante para romper los miedos a probar nuevas marcas, nuevas denominaciones o mejor, nuevos sabores. Para ello, deberán romper la barrera del “rancio” protocolo que en algunos restaurantes sigue vigente (Restaurante Akelarre, Donostia-San Sebastián) y dar paso a otro + sugerente (Patxi en Restaurante Clarete, Vitoria-Gasteiz); por cierto, impecable bodega con comida de vanguardía.

  8. Yo sí que voy tarde…
    Se plantean temas realmente apasionantes, a ver si puedo aportar.
    Que España y sus vinos tienen que mejorar está claro. Pero, ¿el qué? La marca “vinos españoles”, como cuando hablamos de los vinos australianos, de California o en cambio debemos hablar de un tipo específico: no es lo mismo el rioja, que el vino somontano… ¿por denominación de origen? ¿por uva?
    Por otro lado, coincido con Juan Luis todo lo que tiene que ver con la adaptación y conquista de nuevos consumidores. Y aquí sí que sin tener una gran tradición en el mundo del branding del vino, me temo que está la gran aportación y el gran salto. ¿serán las marcas tradicionales capaces de adecuarse a los nuevos tiempos? ¿Y cómo llegan a los nuevos consumidores? ¿Un joven de 25 años será capaz de beber el vino de sus padres, el de las celebraciones de Nochebuena? ¿cómo querrá agradar a sus invitados cuando lleguen a su casa (si la tiene)? Y en ese sentido, las tendencias de los nuevos consumidores hoy en día ¿tienen que ver con lo que es el vino en la actualidad y con lo que ha sido?

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