Oda a Collins

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Hoy hace 40 años, Amstrong pisó la luna. Este pionero hecho sirvió de base, hace ocho años, para presentar Test Media de una manera diferente en el mercado. Con la Luna como pretexto, y con la capacidad literaria de J.R. Sobrón y Rosabel Argote, queríamos hacer ver que existen variables que afectan al producto y son conocidas; sin embargo, lo que puede diferenciar a un producto de otro, a una empresa de otra, es la detección de aquellas variables que por permanecer invisibles no se investigan, controlan y/o analizan, siendo realmente las decisorias.


Y que, por otra parte, en muchos casos son las emociones las que estructuran el consumo; lo que un consumidor antes, durante o después del acto de compra siente, a diferencia de lo que piense o exprese.
Sobre estas premisas trabajamos diariamente para hacer ver que, no sólo la investigación de mercados ayuda a reducir los riesgos en la toma de decisiones; sino, sobre todo, a detectar opciones óptimas para ver crecer los proyectos y nuestras empresas.
Aprovechando la oportunidad de la efeméride, rendimos de nuevo homenaje a Michael Collins.
Oda a Collins

El primer hombre que pisó la luna fue el norteamericano Neil Amstrong: un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad. Le acompañó en este momento histórico su compañero Edwin E. Aldrin y juntos bailaron la danza de la luna alejados de la gravedad de la gravedad. En blanco y negro, siempre he querido saber por qué Amstrong y no Aldrin. ¿Se produjo en la salida de la cápsula el embarazoso momento de “pase”, “no, no pase usted primero” que se corresponde a las más elementales normas de cortesía de nuestra vida diaria? Si fue así, la educación y la cortesía renunciaron a la historia. Si fue así, pasó a la historia el menos educado y cortés. ¿Por qué los libros de historia no hablan de Edwin E. Aldrin como el primer hombre que invitó a otro a pisar primero la luna?
Quizás todo respondía a criterios científicos y de planificación: así estaba programado el orden dentro de la misión espacial. El Señor Amstrong, por sus características físico-psíquicas, su trayectoria profesional y personal, su conocimiento del medio, la capacidad de autocontrolarse en ambientes hostiles, saldrá el primero y será seguido por el Señor Aldrin que hará labores de apoyo y complementará su actuación.
Michael Collins, el tercero, el hombre que estuvo en la luna pero no pudo pisarla, se quedó dentro del Apolo XI porque era el menos prescindible de los tres. Era el único miembro de la misión cuya participación era imprescindible en todo momento. Estaba capacitado para dar un paseo pero ni Amstrong ni Aldrin estaban capacitados para manejar la nave y la misión en ausencia de Michael Collins. Nació en Roma y tenía mujer, Clara, y tres hijos. Le gustaba jugar con su perro Bob y era seguidor de los Red Halls.
Michael Collins estuvo allí. No fue el primero, ni siquiera la pisó.

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